viernes, 28 de marzo de 2014

Para el miércoles 2 de abril, "Las crudas" de Esther García Llovet, a las 19.30h

Esther García Llovet dispara con balas de verdad

Tras años de silencio, esta malagueña afincada en Madrid ha vuelto a desenfundar. La publicación de “Las crudas” (Ediciones del Viento) nos traslada de nuevo a su universo de personajes sin pasado ni futuro, de un realismo paradójico e incierto, como la vida misma.
Texto: Antonio G. Iturbe Fotos: Asís G. Ayerbe
En un país donde hay más escritores que lectores y donde cuesta encontrar gente que aporte algo distinto a lo ya sabido, asomó la cabeza García Llovet conCoda en Lengua de Trapo en 2004, que saludamos en Qué Leer como un hallazgo. Había ahí una manera de contar que disgregaba las convenciones de la novela: frente a la habitual narrativa de corte y confección con doble pespunte, ella hilvanaba su relato de personajes desdibujados con trazos impresionistas que se deshilachaban hasta perderse. Una novela donde la trama se escurría entre las líneas, pero que iba trazando una tupida atmósfera de desasosiego que atrapaba al lector como en un charco de cola. Había nacido una escritora muy potente. Pero durante seis años no volvió a publicar, le perdimos la pista. Hace unos meses editó con muy poco ruido en Salto de Página Submáquina (¿libro de relatos, novela despedazada?). Y ahora llega Las crudas de la mano de Ediciones del Viento, conocida sobre todo por sus exquisitos libros de exploradores y viajeros. Su carrera literaria parece haberse contagiado del mismo aire errabundo que sus historias.

Por eso, en cuanto conseguimos echar el guante a esta madrileña escurridiza pero muy afable, lo primero que le preguntamos es eso de: ¿Por qué has tardado tanto en publicar de nuevo? ¿Dónde estuviste metida todo este tiempo? La respuesta es de una sinceridad desafiante: “Después de Coda escribíSubmáquina, un monstruo de siete cabezas para el que tardé más de tres años en encontrar editor. Se habrán vendido trescientas copias como mucho. Tampoco pasa nada. Mientras tanto he estado disfrutando de la vida a todo meter, claro que sí. Escribiendo a diario, saliendo por ahí y metiéndome en pamplinas con mis amigotes, viajando (estuve en Las Vegas, ¡jugándome los cuartos!), leyendo a Juan José Saer y comiendo muchas proteínas”.
La escueta nota biográfica de la solapa del libro dice que estudió cine y psicología clínica: Uno se pregunta si vive de los rollos de celuloide o de los rollos mentales de la gente. Ni lo uno ni lo otro. Tiene una actividad (o inactividad) la mar de literaria: es rentista. Como Tolstói. Pero, en vez de granja rusa, tiene un piso en Madrid y vive de su alquiler. Una rentista sin ínfulas: “Total, son 1.500 euros al mes, pero me arreglo”. Podríamos decir que es una rentista mileurista. Ha sido una escritora tardía, se puso a los 34 años, pero ahora escribe todos los días, más que de manera sistemática, de manera compulsiva, por necesidad de echar palabras sobre papeles: “Escribo todas la mañanas, pero no por sistema, sino porque me apetece. Voy por la calle y si se me ocurre una idea llamo a mi buzón de voz para que quede ahí. A veces escribo un par de líneas. Después intento no recrear lo que está escrito. Cuanto más lo trabajas, más se jode. Es mejor dejarlo crudito”.
Está claro: a García Llovet le gusta la literatura poco hecha. Así es Las crudas, un relato protagonizado por un tipo llamado Esmiz del que sabemos que le gustan las mujeres y la carne, vuelta y vuelta, sin preámbulos ni salsas, que está divorciado y solo, casi con la única compañía de acreedores que intentan cobrar las facturas que él se esmera en no pagar. Esmiz se cruza en un funeral con Perica, una mulata sensual y arisca a un tiempo, que se le resiste. Su resistencia le resulta irresistible. Esmiz trata de seducirla sacando lo mejor de sí mismo, que tampoco es mucho.
Como en Coda, la historia está atravesada por hilos de se pierden, por carreteras que se abren y quedan cortadas, por personajes que atraviesan la trama y desaparecen sin saber de dónde vinieron ni a dónde van. Consigue crear otra novela únicamente con lo que no cuenta, con lo que deja fuera: con el incógnito pasado de los personajes, con las historias que abandona sin más (un secuestro, un radiofonista desquiciado por el asesinato de su novia, una señora de clase alta atenazada por el odio y la cleptomanía…). De esa manera consigue un efecto ultrarrealista, porque la vida no es como supuestamente la describe la literatura realista decimonónica, con personajes de una pieza e historias perfectamente desarrolladas desde la génesis a su desenlace. La vida es mucho más desordenada, disgregada, mal contada.
Aún así, por si acaso, para no meter la pata, le pregunto si al llegar al final había alguna conclusión que debía descubrir la perspicacia del lector (que Esmiz fuera el asesino de la novia del radiofonista, que Perica tuviera algo que ver en el mediático secuestro que conmociona la ciudad…). Pero no, el gato no tiene cinco pies: “No hay conclusiones. Es que en la vida real no llegamos nunca a conclusiones. Eso son cosas de las novelas. En todo caso, habrá las conclusiones a que llegue cada lector, todas distintas, seguramente”.
Esmiz es un tipo que viene y va, pero no sabemos muy bien hacia dónde va. No tiene pasado y, al parecer, poco futuro… “Es que me gusta contar muy rápido, como una bala. Si te paras a explicar su vida anterior cortas la velocidad. A mí me gusta David Mamet, porque no hay historia anterior… ¿Para qué?”.
Ya en Submáquina, cada capítulo del libro era una pieza de una Smith and Wesson (cargador, resorte, recámara…). Aquí, el protagonista mata el aburrimiento yéndose a una cabaña del extrarradio a cazar conejos con una pistola Smith and Wesson… y se llama Esmiz.
-¿Te resultan inspiradoras las Smith and Wesson?
-“Las Smith and Wesson… Hace años me metí a escribir la biografía real de una pistola, de una en concreto, que encontré en el museo de armas de la Guardia Civil. El material desapareció cuando me robaron el portátil. Una putada”.
-¿Te fascinan las pistolas?
-Bueno… Me explicó Raúl Argemí [Dios los cría y ellos se juntan] que en Hamburgo hay un sitio donde te puedes tunear tu propia pistola. Es que alguien saca un arma y el mundo se para, todo se congela… No sabes lo que hay dentro del arma.
-¿Vas armada por Madrid?
-Sólo con un spray de pimienta. Ya he tenido algún problema. Y es bastante eficaz.
Le digo que sus personajes se relacionan pero a la vez viven incomunicados, incapaces de entenderse entre ellos. No está de acuerdo. A ella, Esmiz le parece un tipo entrañable, se iría de copas con él: “Tiene un punto psicópata, pero es encantador”.
Ella es vital, de risa fácil. Le gusta (mucho) Roberto Bolaño. También le gusta “la gente que hace lo que dice que va a hacer, el saludo de los conductores del 67 cuando se cruzan, escuchar conversaciones en los bares, la espalda de la gente por la calle, la inocencia de los desconocidos, la cara de los desconocidos…”.

Pero hay algo que la asusta: “La gente gris”. Dice que siente que ya va dominando los mecanismos de la escritura y, tal por eso, cada vez le interesa menos escribir, o al menos inventar. Por eso planea irse a Nuevo México a comprobar si es cierto que existe un cañón donde los sonidos suenan de una manera especial a causa de la extrema sequedad del aire. Explica con entusiasmo el experimento de colocar un vaso con arena ante un bafle y comprobar cómo diferentes notas hacen que la arena adopte distintos dibujos. Quizá como sus novelas, donde los personajes y la vida que nos rodea es arena que se escurre entre los dedos.

Helena de Llanos en http://elroommate.com/

Helena reseña a Esther García Llovet (España)

Las crudas La Coruña: Ediciones del viento, 2009
Siempre me gustó más medir los textos por páginas que por palabras, pero claro, así nunca le queda a uno claro cuántas palabras caben en una página, porque el número final está expuesto a algunas variables como tamaño y tipo de letra, espaciado interlineal, cantidad de sílabas de cada unidad entre espacios blancos. Será por eso que casi ninguna petición, formulario, solicitud  o concurso se miden en páginas sino en palabras, porque las hay breves y afiladas como hoy, fiel o luz, e interminables como tempestad, anacoreta, escribiente, locomoción. 500 palabras máximo y ya se me fueron unas 50, qué hacer, cómo tocar la novela entera, varias horas de la vida de uno en tan poquito papel, ¡qué cubrir!
Las crudas es la tercera obra publicada de Esther García Llovet, malagueña cuarentañera residente en Madrid. Mi entrada a esta novela de unas 140 páginas: su tratamiento de un espacio que parece dominarlo todo invisiblemente. No sabemos bien dónde se nos ha metido. Es una ciudad en algún tiempo presente que nos corresponde. ¿Es Europa? Uno de los protagonistas es italiano. ¿America Latina? Pareciera Argentina con tanto proveedor de vinos Merlot persiguiendo a otro de los protagonistas por no pagar los pedidos para su restaurante. Este se llama Esmiz, o sea, ¿Smith? Otro juego para ubicarnos o despistarnos. Sabemos que no estamos en el Salvador porque la otra prota y su hijo son emigrantes que desde allí llegaron para enroscarse en la vida de Esmiz sin demasiada pasión ni interés, puro transcurrir desde el otro lado, sea el que sea, pero de seguro no el de los vivos que caminan por las mismas calles. Hay más datos y casi al final se nos habla de miles de Hummers, parques naturales y cientos de canales de televisión. Ah, estamos en una ciudad de los Estados Unidos, y allí los personajes harán lo que puedan para ir sobreviviendo en medio de la invasión de las telecomunicaciones, las pastillas para todo, la ropa sintética, y por encima, como cubriendo cualquier resquicio de aire fresco, una tremenda soledad. A lo mejor no estamos en los Estados Unidos.
Si tuviera que sacar maestros diría que Onetti se me aparece muy claro en la configuración del espacio y en el intento de que la comunicación entre los personajes muestre las relaciones humanas en toda su complejidad. Es una Santa María que como integrante del yoglobal total, no está aislada de este mundo que habitamos. La escritora pone este lugar difuso pero familiar a funcionar y, de hecho, funciona.

Y en http://algodelibros.blogspot.com.es/
MARTES, 1 DE DICIEMBRE DE 2009

Amor, demonio y carne (sobre 'Las crudas', de Esther García Llovet)


Las crudas es una historia de amor que empieza con un velatorio.

Para enamorarse, todo el mundo lo sabe, hace falta un cadáver.

Real o figurado.

Pero lo más reciente y cercano posible.

Lo siguiente que pasa es que el protagonista, un cocinero llamado Romo Esmiz, se pone a preparar un steak tartare para reanimar al viudo.

Para enamorarse, todo el mundo lo sabe, es mejor tener las manos manchadas de sangre.

Real o figurada.

Pero lo más fresca posible.

Después, ya sí, Romo ve a una mujer, mulata, con el pelo rapado al uno, vestida de verde camuflaje y con sandalias de tiras.

La ve, con la imagen aún fresca de la muerta en la memoria y con las manos manchadas de sangre, y se enamora, claro.

Eros y Tánatos, follar y matar, ser consciente de la propia finitud y buscar la salvación (o quizá simplemente el olvido) en algún otro cuerpo...

Llámalo como quieras.

Incluso puedes llamarlo amor.

Exagero, como siempre, pero con un principio así, te crees todo lo que viene después.

Y eso no es fácil en una historia de amor.

El gran acierto de Esther García Llovet es que no intenta explicar todo aquello que resulta imposible de explicar: por qué la quiere él, por qué no le quiere ella, etc.

Da por hecho el amor y toda la persecución que le sigue por parte de ese cocinero hiperproteico, seductor y que conduce un Maserati.

Persecución del cocinero a la camarera salvadoreña que se llama Perica y no tiene papeles.

Aunque aquí, la que manda, de haber alguien que manda, es ella.

Y a él sólo le queda declararse enfermo de amor y arrastrarse un poco para conseguirla.

Y poco a poco, todo se va enrareciendo.

Aparecen más personajes y tramas: niños enfermos, niñas secuestradas, ex suegras cleptómanas y locutores de radio con nombre de mujer y una tragedia o un misterio a sus espaldas.

Todo se vuelve un poco siniestro.

Siniestro tipo película de David Lynch.

Pero no desentona.

Al revés: mola.

Mola mucho esta señora, Esther García Llovet, sobria, muy sobria cuando escribe y al mismo tiempo, muy extraña. Y sólida. Y poética sin ñoñerías. Poética más bien del tipo amenazante.

El libro lo publica Ediciones del Viento.

Corred a comprarlo.

O robadlo y leedlo.

Os va a gusta.

A mí, al menos, me ha gustado.

Mucho, mucho.

Y hasta voy a intentarlo con su anterior novela, Submáquina. La tengo por aquí y en su momento, aunque quise, no pude prestarle atención.

Iba a cerrar con alguna cancioncilla, pero no se me ocurre ninguna.

He renunciado al rock and roll.

En lugar de eso, cierro con la despedida de ese locutor de radio con nombre de mujer, Madame Aldolph, que aparece en la novela y al que ya he mencionado antes:
"Esto es todo por hoy –dice con un largo bostezo–. Malas noches a todos y a todas. Cenad ligero, no bebáis vino blanco jamás, nunca, ni para aderezar una salsa. Y recordad. Si vuestra acompañante pide Coca-Cola con la comida salid disparados como conejos. A no ser que tenga quince años."

martes, 11 de marzo de 2014

Mañana miércoles 12 nos vemos a las 19.30h para hablar de Isaac Rosa y "El país del miedo"

Mañana nos reunimos a las 19.30h para hablar de "El país del miedo" de Isaac Rosa.

Os adjunto una reseña y un par de buenas entrevistas para centrar el debate:



El país del miedo

Isaac Rosa

Seix Barral. Barcelona, 2008. 314 páginas,1950 euros
RICARDO SENABRE | 16/10/2008 |  Edición impresa

El sevillano Isaac Rosa (1974) no ha publicado muchas obras -lo que es lógico si se considera su edad-, pero ha logrado con ellas un merecido crédito que aconseja prestar atención a su carrera. Posee, como virtud esencial e indiscutible, la plasticidad de una prosa rica y variada, que a veces basta por sí misma para sostener historias poco imaginativas, salvadas casi exclusivamente por la destreza expresiva del autor, bien dotada para apropiarse de discursos dominantes y retorcerlos o parodiarlos para mostrar su inanidad. En El país del miedoson perceptibles estos rasgos que singularizan al escritor, hasta el punto de que resultaría difícil imaginar que un texto como éste, tal como se halla planteado, hubiera podido llegar a buen puerto en otras manos. El país del miedo parte de una teoría que poco a poco va siendo desalojada por el ejemplo práctico. Es como si, con una orientación casi didáctica y ejemplarizante, se arrancara de una concepción que podría calificarse como ensayística del tema central para desarrollar luego una historia -una novela, en suma- cuya función esencial fuese la de confirmar aquellos planteamientos iniciales.

El núcleo temático es, como ya anticipa el título, el miedo. No un miedo concreto, reducido a un personaje o a unos peligros determinados, sino un miedo generalizado, social, que ha invadido las formas de la vida colectiva y condiciona actitudes y comportamientos. Un miedo que los 
medios de comunicación espolean involuntariamente al dar cuenta sin cesar de acciones violentas que exigen numerosas medidas de seguridad: peleas, robos, atracos, agresiones, violaciones, asaltos de todo tipo… Y que se mezcla con el recelo ante grupos potencialmente peligrosos: delincuentes habituales, inmigrantes sin escrúpulos, mendigos agresivos, grupos marginales, adolescentes violentos, incluso las llamadas fuerzas del orden. También la ficción, sobre todo la que se ofrece en imágenes, contribuye a crear ese temor que acaba por interiorizarse en las conciencias. El repertorio de motivos amedrentadores que se detallan -no en vano las dilatadas series enumerativas son frecuentes en la prosa de El país del miedo- contiene y amplifica, reprodu- ciendo a veces el léxico y el estilo, noticias, informaciones, hechos y advertencias que han pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana y que ayudan a configurar una mentalidad, un estado de ánimo y unas formas de vida gobernadas por una especie de permanente angustia ante el peligro desconocido e inexorable que nos acecha. El ejemplo de todo este estado de cosas, de esta difusa conciencia colectiva, lo ofrece Carlos, el padre desde cuya perspectiva se narra la historia, que nace con menudas cuestiones de acoso escolar y va creciendo hasta mostrar la formación de pequeños delincuentes y extorsionadores, con episodios que ponen en evidencia la ineficacia de la justicia y la impotencia clamorosa existente al abordar las actuaciones adecuadas para frenar la delincuencia juvenil. La actitud medrosa de Carlos, sus cesiones constantes ante las amenazas de un chiquillo, su desánimo ante posibles soluciones y su carácter extremadamente débil y pusilánime llevan tal vez al personaje, tal como el autor lo desarrolla, al borde mismo de la inverosimilitud psicológica. Es, en efecto, difícil compartir ese universo mental obsesivo y claustrofóbico que, por cierto destaca en una historia desarrollada casi íntegramente en las calles. Pero acaso era necesario extremar las tintas para conducir al lector con eficacia hacia un desenlace desolador, que parece confirmar los motivos reiterados en las páginas anteriores y arroja sobre la violencia social -de la que Carlos acaba, en definitiva, haciéndose cómplice- una mirada sombría, a la vez que deja el campo repleto de interrogantes acerca de la naturaleza humana.

Buen relato -sobrio, duro, contundente- servido por una buena prosa que, sin embargo, ofrece en algunas páginas desfallecimientos o desvíos inexplicables en un escritor como Isaac Rosa, como sucede con usos abiertamente rechazables (“aquel arma”, p. 95; “el único arma”, p. 159), giros anglófilos innecesarios y con cierto tufillo burocrático (“listado” por “lista”, p. 26; “evaluación” por “cálculo”, p. 256; “línea de no retorno”, p. 57, o “asumir” como forma única para “aceptar”). Algún pasaje reiterativo y desmañado, como el de las páginas 220-223, hubiera necesitado una reescritura. Son descuidos fácilmente subsanables, que apenas erosionan un texto sólido y bien construido.


Isaac Rosa. Escritor. En una semana estará en la calle 'El país del miedo', un análisis ficcionado sobre el origen del miedo ambiental que nos coarta y atemoriza sin poder dominarlo
PEIO H. RIAÑO Madrid 04/09/2008

Estamos llenos de miedos que no nos podemos quitar de encima. Elpaís del miedo (Seix Barral) es la nueva novela de Isaac Rosa, que aparecerá el próximo 9 de septiembre. Fiel a su mirada crítica ha montado un libro que combina partes de ficción con partes de reflexión, que hurgan en los complejos de la civilización más segura de todas.
¿Por qué decidió dedicar el libro al miedo?
Es uno de los temas de nuestro tiempo. Está muy presente y se ha escrito poco sobre él. Sobre todo desde la ficción. Desde el ensayo hay algunos acercamientos interesantes. Quiero lanzar el debate y preguntar ¿de dónde viene el miedo ambiental?, ¿por qué tememos ciertas cosas y bajo ciertas situaciones?, ¿a quién le interesa que tengamos miedo?
Usted alterna ensayo y ficción para responderlas.
Sí, para reflexionar sobre esa ficción generadora y educadora de miedos. Me interesaba analizar cómo aprendemos ciertos miedos a partir de ficciones audiovisuales sobre todo, pero también literarias. De ahí tomamos los miedos a los que nos vamos a enfrentar. Y eso hace que, ante determinadas situaciones que objetivamente no tienen por qué implicar un riesgo o un peligro, nos sintamos vulnerables y amenazados.
Y lo hace desde el miedo de un padre con los peligros de su hijo.
El miedo que tiene que ver con la salud, con la alimentación, pero mucho más concentrado en los niños y su protección. Una de las cosas que pensaba cuando escribía el libro eran estos comportamientos histéricos que ocurren cada dos por tres con el tema de los pederastas, los violadores, los secuestradores, que es algo que siempre ha existido. No estoy seguro de que ahora haya más que antes, simplemente reciben tal atención que se convierten en fenómenos histéricos.
¿Por qué el miedo es una amenaza preparada?
No creo que vivamos en una realidad en la que debamos sentir miedo. No es un entorno especialmente inseguro ni amenazante. Sin embargo, recibimos mensajes relacionados con el miedo a través de la ficción, de los medios de comunicación magnificando los hechos. La clase política también genera miedos. Hoy leía en el periódico a Esperanza Aguirre diciendo que la Comunidad de Madrid está viviendo unos niveles de inseguridad insoportables. No creo que sea una ciudad insegura en comparación con otras capitales y, sin embargo, el ciudadano que recibe un mensaje en el que la primera autoridad de su comunidad, la presidenta del Gobierno madrileño, le diga que la inseguridad es "insoportable", genera una predisposición al miedo.
Su personaje está desbordado ante tanto miedo.
Podría resolver situaciones de una manera más o menos fácil, pero acaba huyendo de ella o adoptando respuestas que generan más inseguridad todavía.
¿Qué interés tiene el poder en el miedo?
El miedo tiene mucha utilidad desde el poder. Por un lado, es un factor de cohesión social que funciona; una ciudadanía asustada es más homogénea y más manejable. Por otro lado, el miedo permite distraer la atención sobre otro tipo de debates. 
¿Cómo puede ser?
El Estado está fracasando en protegernos de aquello que dijo que nos iba a proteger, de otro tipo de inseguridades más de tipo social y económico.
Ni siquiera estamos preparados para eliminarlos.
El miedo tiene un elemento de comodidad. Puede ser paradójico, pero es cómodo sentir miedo y el sentir el miedo evita el querer conocer, el preguntar o el ir más allá. 
El lector no lo pasa especialmente bien...
Intento que el lector sienta ese miedo. Dependiendo de los temores previos que tenga el lector, hará una lectura u otra. Es un catálogo de miedos contemporáneos, urbanos... pero yo creo que más interesante que escribir un ensayo sobre este sentimiento, era escribir una novela sobre el miedo con eficacia.
¿Sigues a tus contemporáneos?
Sí, pero no creo que haya ahora una generación como tal. Sí hay un equipaje teórico similar, pero en el resultado de sus libros no se parece. Me puedo sentir identificado con algunas propuestas teóricas, pero no me siento muy cercano a algunos planteamientos narrativos. No veo muy claro que haya una generación, más allá de que haya, por supuesto, autores que hemos nacido en unos mismos años. Pero cada uno tiene sus referentes, sus tradiciones, sus factores... 

"Vivimos en una sociedad asustada"

El autor hace en El país del miedo una radiografía de los temores y sus trampas contemporáneas

Los miedos y las incertidumbres de Isaac Rosa están en vísperas de duplicarse. Va a ser padre por segunda vez y atisba los temores que pueden emboscar a sus hijas. Ha comprobado que cada vez más, desde la misma concepción, aumentan las alarmas sobre los riesgos reales, sobredimensionados e inventados, de vivir, de tal manera que "una vez nace el niño se convierte en una víctima de esta sociedad del miedo".
Es la creciente y global tiranía que aborda este autor sevillano de 34 años en El país del miedo (Seix Barral). Una novela esperada después de la acogida que en 2004 tuvo El vano ayer (Premio Rómulo Gallegos y Ojo Crítico). En ella reflexionaba sin nostalgias y con ironía sobre la vidatras la Guerra Civil, sin complacencias, y describía la asfixiante e ineludible sombra de temores dictada por Francisco Franco durante casi 40 años.
Ahora, Isaac Rosa sigue su ruta crítica con la realidad para mostrar las actuales trampas de una era minada de miedos físicos, morales y emocionales sembrados por la modernidad y el desarrollo. Por las promesas de futuro. De eternidad.
PREGUNTA. ¿Cuál es el miedo que persiste en su vida?
RESPUESTA. Hay muchos relacionados con la ciudad, un sitio de oportunidades pero también de incertidumbre. Existen miedos que tienen que ver con la vida urbana que en algunos casos consigues razonarlos y ponerlos en su lugar, y reconocer que están sobredimensionados. Te acompañan y condicionan tu comportamiento. Aunque una cierta dosis de miedo es necesaria para evitar peligros, incluso algunos cumplen una función educativa.
P. Y otros los ha traído el desarrollo.
R. Vamos creciendo en miedos. Son acumulativos. Nos estamos convirtiendo en una sociedad gobernada por ellos. Está presente en muchas formas: miedo al terrorismo, a la delincuencia, a los pederastas; y otros relacionados con la sanidad, la alimentación, la crianza, los viajes. Vivimos en una sociedad asustada.
P. Es el precio y el secuestro de la modernidad.
R. Es una situación paradójica porque somos la sociedad más segurade la historia y, sin embargo, somos la sociedad más obsesionada con la seguridad. Cuanto más seguros objetivamente estamos, más inseguros subjetivamente nos sentimos, y demandamos más protección.
P. Desenmascara la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano contemporáneo.
R. Cuando uno alcanza ciertos niveles de seguridad y de protección aspira a una seguridad absoluta. Y esa búsqueda genera ansiedad. Vivimos un tiempo de incertidumbres que nos hacen sentir vulnerables, que a lo mejor no sabemos nombrar ni definir, que tiene que ver con lo social, lo económico, lo afectivo, y al final lo derivamos a otro tipo de inseguridades o amenazas más evidentes, cuando realmente la incertidumbre es otra.
P. ¿A qué se refiere?
R. Nos sentimos amenazados hacia el futuro, sobre todo por cuestiones que generaban más seguridad y ahora están menos estructuradas, como el trabajo. Los asuntos relacionados con los afectos o la familia que no somos capaces de ponerlos en claro y buscamos fantasmas ya identificados.
P. ¿Es el juego miedo-esperanza?
R. Hay una parte del miedo que está en nosotros y nos acompaña en este principio de siglo. El miedo puede acabar siendo un sentimiento cómodo. Se basa en la ignorancia, en el desconocimiento; tememos aquello que ignoramos, con lo cual temer algo puede ser una forma de no preguntar.
P. Muchos de ellos son impuestos.
R. Y otros en el ambiente que generan una conciencia de amenaza continua. Por ejemplo, a la crisis económica se suma la advertencia de que traerá más inseguridad e inestabilidad; o los inmigrantes, que son vistos como el enemigo interior. Además de los temores al transporte aéreo, a la contaminación alimentaria, al cambio climático.
P. Una especie de hipocondría que tiene en su raíz la promesa de juventud eterna.
R. Por eso hablábamos de buscar una seguridad absoluta. Es una sociedad enganchada a todo tipo de pastillas porque no queremos sentir ningún dolor ni físico ni moral ni de sentimientos. Eso nos lleva a entregarnos a cualquier promesa de protección. Hace que en algunos casos renunciemos a aspectos vitales como la libertad. Aceptamos cosas impensables hace poco. Como nos protegen del terrorismo aceptamos que nos humillen en los aeropuertos, como nos protegen de los pederastas aceptamos que nos vigilen las comunicaciones...
P. ¿Es la potenciación del miedo como arma política?
R. Es una forma de control. El sentido de todo poder político es que la ciudadanía se sienta amenazada, y van actualizando esos miedos porque necesitan que nos sintamos vulnerables. Que necesitemos de ellos. Es un uso por parte del poder político, pero también de cómo el Estado está fracasando en aquello en lo que prometía protegernos, y nos ofrece otro tipo de protección. Nos distrae de las inseguridades reales y nos hace pensar en otras como si fueran más graves.
P. ¿Cómo protegernos frente a toda esa información que incluso difunden los medios de comunicación?
R. La mejor arma es el conocimiento. La primera tarea es ver qué está detrás de ese miedo, ponerlo en su sitio, ver si está sobredimensionado, ver a quién beneficia, ésa es una pista siempre a seguir. Por un lado, puede beneficiar al poder político, pero por otro hay una serie de negocios como el de la seguridad privada que no paran de crecer.
P. ¿Qué tanto contribuyen los medios a fomentar esos temores y aprensiones?
R. Hay una parte en la que actúan como informadores y mensajeros. Y otra que tiene que ver con el carácter espectacular del miedo y la amenaza; y eso para los medios es una mercancía muy atractiva. Los medios desempeñan un papel clave a la hora de difundir y magnificar el miedo.
P. La novela alterna capítulos narrativos y ensayísticos ¿Siempre tuvo clara esa estructura?
R. Quería algo más relatado y con elementos de reflexión y ensayísticos que no dejan de caracterizar al personaje y hacer verosímil su comportamiento y decisiones. Esos capítulos se pueden leer de manera independiente. No quería repetir una fórmula.
P. ¿Cuál fue el resorte para la novela?
R. El propósito inicial es indagar sobre mis propios temores, y te das cuenta de que no estás solo, sobre todo como padre. Son menos los peligros para los niños pero tendemos a sobreprotegerlos. Hay que andar con cuidado, teniendo en cuenta que el miedo sí tiene un valor pedagógico y hay que saber utilizarlo para no crear un cobarde.
P. ¿Es el miedo la nueva minusvalía?
R. Un exceso de protección puede privar a los niños de desarrollar mecanismos de defensa racionales. Les evitamos situaciones desagradables y cuando se enfrenten solos a una de verdad no saben cómo reaccionar. Hay que buscar el equilibrio entre defenderlos y que aprendan a defenderse.



viernes, 14 de febrero de 2014

El próximo lunes presentamos novela en Cálamo

El próximo lunes presentamos novela en Cálamo, si os animáis, nos vemos allí a las 20h. Estáis tod@s invita@s. Un abracete

miércoles, 5 de febrero de 2014

martes, 4 de febrero de 2014

Mañana miércoles 5 de febrero a las 19.30 nos vemos para hablar de "En la orilla", de Rafael Chirbes.Un abrazo.

Mañana a las 19.30 nos vemos para hablar de "En la orilla", de Rafael Chirbes.Un abrazo.

Jorge

miércoles, 15 de enero de 2014

SALE MI ÚLTIMA NOVELA "LAS HADAS MUERTAS"

Y aunque ya sabéis que no suelo hacer publicidad de las publicaciones y charlas, algun@s os enfadaréis si no os lo digo (y con razón) así que ¡Allá va! Está disponible en todas las librerías de Zaragoza.

Haremos la presentación dentro de poco, y os haré legar por el blog la fecha, hora y lugar.

Espero que os gusten las historias de barrio -porque está sucede en el de Las Fuentes (el mío, de casi toda la vida)-, las de crímenes y tipos extraños...

Un abracete.

martes, 14 de enero de 2014

Hoy martes, si os animáis, segunda sesión sobre Cortázar (Procedimientos narrativos y planteamientos éticos)

PhotoPhotoHoy martes, a las 19.30h en el Centro Pignatelli hablaré sobre Cortázar, nada sesudo, más bien para que la gente se anime a volver a sus páginas (si es que alguna vez se fueron)